Después de dar unas cuantas vueltas por el aeropuerto, llegó el momento de despegar. Yo tenía muchas de vivir un despegue en avión, puesto que nunca había montado en uno, y la experiencia me gustó mucho( se siente la misma sensación que cuando estás subiendo en la rampa de una montaña rusa, pero más rápido ).
Una vez hubimos despegado y alcanzamos la altura necesaria me quité el cinturón y me pues a mirar por la ventana del avión. Se observaban todas las luces de Madrid a lo lejos, y después ya no se veía nada. Después me puse a observar el avión, que era mucho más pequeño de lo que yo pensaba, y al apreciar que no tenía nada mejor que hacer, me puse a desayunar; desayuné rápido, para que Juanan no se enterara y me pidiera comida, y me fui a ver el amanecer. No pude observar ese vello fenómeno, debido a que me encontraba en el lado opuesto al evento, a si que me fui a mi sitio y me quedé sentado, charlando con mi compañero, y mirando por la ventana.Vi que no podía hacer nada, y me empeñé en sacar fotos a mis compañeros en las que saliesen desprevenidos, cosa que fue inútil. Ya llevábamos una hora de travesía, y me entraron ganas de miccionar, cosa que aproveché para descubrir como era el baño de un avión, y como era el tirar de la cadena, una cosa que me gustó mucho.
Ya se veía el mar, y mi aburrimiento iba creciendo cada minuto que pasaba. No paraba de moverme y de mirar para atrás y molestar a los de delante, nos informaron de que teníamos que volver a nuestros asientos y ponernos los cinturones; en ese momento me tranquilicé y pensé que estaríamos llegando.
Cuando aterrizamos estuvimos esterando por lo menos veinte minutos a que se abrieran las puertas ( los veinte minutos en los que peor lo pasé ). Una vez en el aeropuerto fuimos a coger las maletas, tarea que se desarrolló en otros veinte minutos, y después fuimos a la salida, donde nos montamos en un raro autobús, que además estaba ardiendo ( lo que más me gustó del autobús era que el conductor conducía en la parte de abajo, y que por la parte de arriba se iba viendo como si tú lo fueras conduciendo ). Tardamos en llegar a la residencia en torno a una hora, y a lo largo del trayecto me parecía que estaba en España, la zona se parecía a la zona de Andalucía, con lo cual, no se notaba mucho cambio.
Una vez en la ciudad fui notando que había algunas diferencias con respecto a España: El metro estaba mal señalizado y no había forma de saber que estación era, los semáforos tenían el círculo rojo el doble de grande que los demás y los semáforos de los peatones tenían tres colores, en lugar de dos.Una vez en la residencia metimos todas las maletas en una habitación y nos pusimos en marcha. El primer día fue uno de los más cansados, nada más salir de la residencia nos pusimos a andar sin parar, una caso que sería frecuente durante el resto del viaje.
Primero nos dejaron un poco a nuestro aire, como unos cinco minutos, y en estos cinco minutos practiqué una técnica que me dijeron que usara, y por poco me atropellan, y se que en Roma hay que echarse a la carretera para poder cruzar por un paso de peatones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario