miércoles, 4 de mayo de 2011

Primer día.II

Después de dar unas cuantas vueltas por el aeropuerto, llegó el momento de despegar. Yo tenía muchas de vivir un despegue en avión, puesto que nunca había montado en uno, y la experiencia me gustó mucho( se siente la misma sensación que cuando estás subiendo en la rampa de una montaña rusa, pero más rápido ).

Una vez hubimos despegado y alcanzamos la altura necesaria me quité el cinturón y me pues a mirar por la ventana del avión. Se observaban todas las luces de Madrid a lo lejos, y después ya no se veía nada. Después me puse a observar el avión, que era mucho más pequeño de lo que yo pensaba, y al apreciar que no tenía nada mejor que hacer, me puse a desayunar; desayuné rápido, para que Juanan no se enterara y me pidiera comida, y me fui a ver el amanecer. No pude observar ese vello fenómeno, debido a que me encontraba en el lado opuesto al evento, a si que me fui a mi sitio y me quedé sentado, charlando con mi compañero, y mirando por la ventana.

Vi que no podía hacer nada, y me empeñé en sacar fotos a mis compañeros en las que saliesen desprevenidos, cosa que fue inútil. Ya llevábamos una hora de travesía, y me entraron ganas de miccionar, cosa que aproveché para descubrir como era el baño de un avión, y como era el tirar de la cadena, una cosa que me gustó mucho.

Ya se veía el mar, y mi aburrimiento iba creciendo cada minuto que pasaba. No paraba de moverme y de mirar para atrás y molestar a los de delante, nos informaron de que teníamos que volver a nuestros asientos y ponernos los cinturones; en ese momento me tranquilicé y pensé que estaríamos llegando.

Cuando aterrizamos estuvimos esterando por lo menos veinte minutos a que se abrieran las puertas ( los veinte minutos en los que peor lo pasé ). Una vez en el aeropuerto fuimos a coger las maletas, tarea que se desarrolló en otros veinte minutos, y después fuimos a la salida, donde nos montamos en un raro autobús, que además estaba ardiendo ( lo que más me gustó del autobús era que el conductor conducía en la parte de abajo, y que por la parte de arriba se iba viendo como si tú lo fueras conduciendo ). Tardamos en llegar a la residencia  en torno a una hora, y a lo largo del trayecto me parecía que estaba en España, la zona se parecía a la zona de Andalucía, con lo cual, no se notaba mucho cambio.

Una vez en la ciudad fui notando que había algunas diferencias con respecto a España: El metro estaba mal señalizado y no había forma de saber que estación era, los semáforos tenían el círculo rojo el doble de grande que los demás y los semáforos de los peatones tenían tres colores, en lugar de dos.

Una vez en la residencia metimos todas las maletas en una habitación y nos pusimos en marcha. El primer día fue uno de los más cansados, nada más salir de la residencia nos pusimos a andar sin parar, una caso que sería frecuente durante el resto del viaje.

Primero nos dejaron un poco a nuestro aire, como unos cinco minutos, y en estos cinco minutos practiqué una técnica que me dijeron que usara, y por poco me atropellan, y se que en Roma hay que echarse a la carretera para poder cruzar por un paso de peatones.


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